dissabte, 21 de març del 2026

Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós

 


Novela1 costumbrista que pasa por ser la más aclamada entre la producción del escritor canario, por su ambición y extensión. En efecto, aun no siendo la más pulida de sus obras, sí que asume el pecado insano de la autosuperación. Pérez Galdós, en la cima de su carrera literaria, escribe sin mesura, sabedor de su descomunal capacidad narradora, con el atrevimiento que le otorga la impunidad creativa. No se achanta ante el reto de tomarle el pulso a toda la sociedad madrileña, sinécdoque del país, durante el convulso período histórico de la Primera República y la posterior Restauración Borbónica. Todavía menos cuando de lo que se trata es de trazar el paralelismo entre clases, la de la alta burguesía, triunfante y señorial, exhibiendo sin pudor su embriagamiento de poder omnímodo, y la clase popular, servicial y sumisa, apocada y bobamente presta a doblegarse a las querencias y caprichos de la primera, a la espera de alcanzar de ella el favor o el nombramiento funcionarial que les saque de la miseria. Todos los males que aquejan al país, como el tráfico de influencias, el enchufismo y el intercambio de favores, con los que se han cocinado, desde aquellos tiempos hasta hoy, los menús que han alimentado políticamente a España, ya están grácilmente descritos en Fortunata y Jacinta. Lo mismo cabe decir de los debates morales que hoy nos desangran.

La historia, plana y tópica, de amor interclases, que protagonizan el “niño bien”, caprichoso y banal miembro de la alta burguesía madrileña, y la bella y vulgar muchacha de arrabal, llamado al fracaso por descompensada altura de expectativas de quienes lo urden -la ideal y elevada pureza del amor abnegado de Fortunata, frente al rastrero y viciado amor cortesano del heredero de Santa Cruz-, alcanza elevadas cotas de realismo y veracidad, cuando atiende a las mediaciones que las formas, costumbres y principios de orden moral imponen a la relación. Así, aparece en la narración Jacinta, inocente y plástica, educada para ser escogida como esposa devota y fiel del consentido e inexperto joven, que pone en riesgo con su desvarío amoroso, el buen nombre de la familia. La joven esposa remediará sólo artificialmente los devaneos donjuanescos del marido, perfeccionando su praxis e ignorando su inicuo efecto. Se extiende la mediación a Maximiliano Rubín y familia, que asume por vesania amorosa la imposible tarea de dar amparo y protección, convirtiéndola en su esposa, a la abandonada amante, más dispuesta a escuchar la llamada de sus emociones naturales que a acatar servidumbres familiares impuestas por beatas costumbres religiosas. Caen éstas en manos de la fervorosa Guillermina, amiga y confidente de la alta burguesía, de la que se vale para sus obras de caridad y santa devoción, con la que procura remediar pobrezas materiales y espirituales. Se precipitan, en cascada, nuevas mediaciones, que interponen a la pasión juvenil de Fortunata y Santa Cruz, límites y remedios, como la pragmática y epicúrea enseñanza que el maduro Evaristo Feijoo, militar y hombre de mundo jubilado, impone a Fortunata, cuando la acoge bajo su protección, después que esta deje a su marido y familia, tras caer de nuevo en las redes de su atribulado amante.

Ninguna de las mediaciones y convenciones sociales contendrá la pasión amorosa desatada entre la arrabalera y el señorito. Como si de un alegato vitalista se tratase, la novela plantea el combate entre la pulsión instintiva del deseo y las conveniencias y apariencias del recato y del decoro social. El punto de inflexión que parece decantar la narración hacia el triunfo de la naturalidad del amor es el engendramiento del futuro heredero de la reputada familia, que en el pulso entre amante y esposa, o entre populacho y nobleza, obtiene la primera, siendo la fertilidad el síntoma del vitalismo y la renovación que nace del pueblo, mientras que la esterilidad de Jacinta denota el agotamiento del caciquismo clasista y señorial de la élite social. Pero sólo aparentemente la reproducción natural derrota a los prejuicios y férreos valores morales que sustentan a los privilegiados. A la alegría de saberse madre carnal y legítima del vástago que ha de dar continuidad a la saga pudiente de los Santa Cruz, con la consiguiente validación del amor “republicano” prohibido, pese a todas las prevenciones y reparos morales existentes, le seguirá la “restauración” del orden alterado o disputado, cuando los celos y las pasiones que gobiernan a la madre la aboquen a la enfermedad y a las desatenciones de la crianza. La acaudalada y poderosa familia obtendrá la potestad sobre el recién nacido, perpetuando el desafuero de sobreponer artificio e interés a naturalidad y amor. Pérez Galdós insinúa, con esta disposición final, el empobrecimiento de una sociedad atenazada por la costumbre, la molicie y el temor a la novedad y el cambio, que se encamina sin remedio al desastre del 98 y las calamidades de la “España invertebrada” del siglo XX.

Más allá del reparo crítico que el autor oculta contra el moralismo del sacrificio y la expiación, tras las 800 páginas de su relato, y de las cargas del patriarcalismo que adeuda a su tiempo, haciendo de su obra candidata solemne a la cancelación inmisericorde de la nueva moralidad imperante, la grandeza del escrito radica en los mil y un vericuetos que recorre entre personajes, que en la escena son secundarios, pero con los que describe un fresco sociológico y psicológico tan notable como original y precursor de las novelas-río. La atención y cuidado con el que presenta los anhelos, aspiraciones y tachaduras de los Estupiñá, Ballester, Mauricia la Dura o José Ido del Sagrario (personaje rescatado de su novela anterior Tormento), por poner sólo algunos ejemplos, ultrapasa el realismo en el que se suele enmarcar su arte literario, tal como el propio Pérez Galdós nos explica en los pasajes finales de la novela cuando, haciendo balance de lo relatado, afirma: “había allí elementos para un drama o novela, aunque, a su parecer, el tejido artístico no resultaría vistoso sino introduciendo ciertas urdimbres de todo punto necesarias para que la vulgaridad de la vida pudiese convertirse en materia estética. No toleraba él que la vida se llevase al arte tal como es, sino aderezada, sazonada con olorosas especies y después puesta al fuego hasta que cueza bien”2. Cocinado el manjar sobre la base de una sencilla trama, que se nutre de tantos y diversos ingredientes, nada hay que recuerde al alimento crecido de natural y cruda forma, sino más bien al basto menú nacido de la acelerada inventiva de un relator, amante de la historia, que se obstinó en convertirla en arte. En su empecinamiento, se oscurecieron las enseñanzas de aquella, a la vez que se confundió realidad y simbolismo en este. Sólo ello explica el inmerecido olvido literario que hoy pesa sobre tan pantagruélico autor.

1Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Editorial Orbis-Fabri, Col Historia de la Literatura Española, (2 vols), Madrid, 1994.

2Pág. 820 de la edición citada.


dilluns, 9 de març del 2026

Divinas palabras de Valle-Inclán

 


La companyia teatral Atalaya de Madrid, dirigida per Ricardo Iniesta, porta ja un any representant arreu de l’Estat l’anomenada pel mateix autor, Ramon María del Valle-Inclán “tragicomèdia d’aldea” Divinas palabras. La veiem a l’Àtrium de Viladecans, en la gira que està fent per Catalunya. No és, en qualsevol cas, el millor escenari on veure aquesta o qualsevol obra teatral, per la distorsió sonora que resulta d’una caixa escènica molt oberta y profunda per a un teatre de grans dimensions, ideal acústicament per concerts però no tant per a espectacles de format més reduït. Tot i la bona dicció actoral, en ocasions, es fa difícil seguir un text que recrea la parla rural de la Galícia original de l’autor. I l’esforç arriba al punt de despropòsit quan l’escena és acompanyada per la música, feta expressament per aquesta producció, volent reflectir l’esperit popular i folklòric de l’Espanya de principis del segle XX. La fusió del text amb els acords musicals, en un espai tan obert, converteix en una tortura l’esforç perceptiu de l’espectador, empobrint la tasca actoral pensada per treure brillantor al diàleg, més que arcanaitzar-lo. Per trobar una nota positiva, que probablement agradaria a l’autor, podem dir que afegeix una càrrega més de component grotesc al ja de per sí abundosament burlesc text.

La posada en escena s’inspira en l’esperit expressionista que imbuïa la creació cultural de principis de segle, i que de ben segur encaixava amb la vena esperpèntica que l’autor, incipientment, conrea ja en aquesta obra. Amb l’ajut d’uns cons mòbils de diferents tamanys i proporcions, amb els que els actors interactuen, manipulant com a objectes que acompanyen l’acció, però que funcionen, a la vegada, com a simbòlic attrezzo de l’espai interior i exterior figuratiu, la companyia resol el problema de decorat que planteja l’obra de Valle-Inclán, amb canvis escènics constants i específiques acotacions descriptives dels indrets on té lloc l’acció. Cert és que, amb aquesta reducció a un simbolisme gairebé conceptual, l’espectador perd coordenades espacials i temporals que l’ajudin a ancorar l’escena i resseguir el text, però també es guanya l’ambientació surrealista que difumina els plànols entre somiació i lucidesa que persegueix l’autor. Tampoc sembla que la figura geomètrica del con, escollida per fer aquesta mediació entre paraula i escenari físic, sigui atzarosa. Amb la punxeguda aresta apuntant cap al cel i l’àmplia base acotant el terra, uneix els dos plans que la tragicomèdia vol contraposar: les humanes pulsions de vida i mort que mouen als personatges i les divines redempcions de fe i perdó que els asserenen.

Perquè com una tensió o lluita entre bé i mal s’ha de llegir l’obra, sense que traiem l’entrellat de si l’autor en fa befa o exaltació de la divina intervenció que restitueix l’ordre transgredit per la luxúria i la cobdícia humanes. Si de cas, és el batec popular de la Galícia interior, ignorant i crèdula, però també plena de sàvia tradició, el que l’autor vol auscultar, sense la voluntat pal·liativa del metge sanador, sinó més aviat la intencionalitat de l’artista meravellat davant la humana condició. Emulant les escenes dels autos de fe, la tragicomèdia funciona com un recordatori de la fervorosa reafirmació catòlica que, com un far, il·lumina vida i trajecte de la gent senzilla. Representada, però, en la tenebra dels temps de la còlera política i la insolència de la tècnica, redueix a l’esperpent el candor i la ingenuïtat del poble, confiat en què la sola fe aturarà les tempestes passionals que el vitalisme i el nacionalisme no trigaran en alimentar. Vista avui, des d’un segle de distància, l’obra segueix recordant-nos que salvar el trànsit que separa el grotesc del sublim és simple per a qui té l’habilitat artística d’unir la tragèdia amb la comèdia. El problema, però, és que la realitat en la que vivim s’ha tornat insuportablement valleinclanesca. I res fa pensar que tinguem a mà les “divines paraules” per redimir-nos.


dimecres, 4 de març del 2026

Visita a l’exposició Miró i els Estats Units

 


Per segona vegada aquest mes, no és fins al darrer dia que no ens decidim a visitar l’exposició que ha ocupat una part de la Fundació Miró des de gairebé principis de curs i que va tancar el passat diumenge 22 de febrer, dedicada a resseguir les influències entre l’artista català i el més granat de l’avantguarda pictòrica i escultòrica dels Estats Units, en un diàleg prolífic que va marcar l’expressionisme abstracte de la meitat del segle XX i que, molt encertadament, han sabut reflectir els comissaris de l’exposició, tot alternant les obres de l’artista local amb les dels creadors amb qui va compartir llenguatges i cosmovisions al país nord-americà, a partir de les diferents estades i visites fetes pel nostre paisà des dels anys quaranta del segle passat.

Les obres i videoprojeccions que acompanyen en aquest viatge al visitant són d’autoria tan diversa com exhaustiva -més de quaranta artistes-, i compleixen la funció de representar les diverses tendències de l’art pictòric i escultòric contemporani. Es tracta, doncs, d’una exposició molt didàctica a l‘hora de perseguir simbiosis i transferències mútues, tan en el terreny de les tècniques creatives com en les temàtiques expressives. Calders, Rotko, Pollock, de Kooning o Frankenthaler, per citar només alguns dels més coneguts, hi són presents no com a simple homenatge onanístic de l’artista resident de la Fundació, sinó com a receptors i incitadors de l’intens debat creatiu que els hi va provocar, a un i altres, la coneixença de la respectives obres. En poc més de 13 sales d’exposició podem recórrer 40 anys d’inspiracions decisives que, en totes dues direccions, van marcar el desenvolupament de les arts plàstiques, i que van impulsar l’afany creador de tots ells.

És a partir de les exposicions que el seu marxant, Pierre Matisse, organitzava al país americà que l’obra de Miró, ja coneguda i admirada arreu, troba el canal de difusió més expansiu per esdevenir l’oracle de bona part dels artistes emergents que treballen als Estats Units en aquell moment. L’exposició sobre les seves Constel·lacions, reunides per a l’ocasió, tindrà un efecte decisiu en la mirada artística d’aquelles generacions, en apropar l’artista consagrat als joves talents emergents. D’aquesta relació en surten nous itineraris i experimentacions, que també seguirà el català, adoptant tècniques com el goteig de Pollock en les seves posteriors creacions. L’amplitud i diversitat de camins que s’obren davant l’espectador per la interacció artística de tots ells desborda les expectatives i augmenta la dimensió universal del nostre creador.

L’autoreferencialitat és, doncs, el camí expressiu del recorregut expositiu, que provoca un cert efecte retòric, en forma de repetició o imitació, raó per la qual acaba conduint tot el moviment de l’expressionisme abstracte cap a una buidor que culmina en la dissolució de la pròpia matèria pictòrica. L’esgotament del viarany creatiu de l’abstracció porta al conceptualisme més relativista o a l’autoqüestionament deconstructiu, camí aquest que també experimentà Miró i que en la mostra és present en l’obra de Michael Corinne West que il·lustra aquest post. Un moviment que, tancant-se sobre sí mateix, retorna al primitivisme de la significació literal: quan ja està tot dit, només resta tornar a la simplicitat expressiva, alliberada ja de tota càrrega simbòlica, la del traç gruixut propi del nen que gaudeix de la descoberta capacitat de representar el món, que és la forma més lliure de fer-lo seu. Al Miró murri i juganer, que ha trobat ja un estil definit i personal, només li resta consagrar-lo, institucionalitzar-lo i solidificar-lo en una Fundació que l’acull indefinidament, com les parets de les coves prehistòriques feren amb les primeres creacions artístiques, convertint-se en les pioneres i més aconseguides galeries d’art. D’aleshores ençà, Miró i els demès només han practicat el noble art de la imitació.


divendres, 27 de febrer del 2026

D’Einstein a Epstein, l’oclusió del sentit de la decència.

 


Es diu que Einstein començava el seu dia a dia agraint a tots aquells -grangers, botiguers, forners repartidors, sastres, sabaters...- que, amb el seu treball, li facilitaven la vida quotidiana, de manera que ell pogués dedicar-se exclusivament a la seva tasca d’investigació i estudi. Tenia la ferma convicció que havia de fer-se mereixedor de tots aquests esforços i retornar-los, amb les seves aportacions científiques al camp del saber humà, una part dels sacrificis i rutinaris serveis que d’ells rebia. Aquest exercici de gratitud i reconeixement del treball dels altres forma part de totes les tradicions religioses, i esdevé un dels pilars de la cultura occidental que beu dels Evangelis. En l’acte d'agrair la generositat de l’altre hi ha un profund sentit de decència i igualació humana, un reconeixement mutu indispensable per a la construcció de qualsevol relació moral. Més encara si qui agraeix té una posició o un estatus social més elevat que aquell que rep el reconeixement. El terme grec χαλοχαγαθία recollia el sentit de noblesa i bondat contingut en aquest tipus d’actes, que no només denoten virtut sinó que enforteixen els vincles comunitaris entre individus i generen models i hàbits de conducta aptes per a l’emmirallament dels més joves.

No és aquest ja el registre habitual en el comportament de les elits en la nostra societat. El major símptoma de la decadència moral Occidental prové de la manca d’agraïment envers els altres que hi ha en la conducta narcisista del triomfador que s’exhibeix a sí mateix, radiant i cofoi, en el cim del seu èxit. No hi ha espai per l’altre quan el món es redueix al mirall que retorna la imatge de l’auto-envaniment. L’altre queda fora de l’escena per què és sobre ell que s’ha alçat l’arribista, entossudit a refermar la seva conquesta en els límits de la grandesa personal feta a costa dels altres. Malauradament, exemples d’aquest entabanador immoral actual en tenim a cabassos, però si algun d’ells encarna millor que cap altre l’esperit de la perversió que ha substituït la decència, al món occidental, és el Jeffrey Epstein. El que la llista de contactes, missatges, arxius i amistats del pederasta, desclassificada per la justícia nord-americana, ens revela és el profund menyspreu cap a l’altre que va ser capaç d’atresorar el personatge, sempre cercant el benefici propi, en una utilització sense escrúpols i desvergonyida dels més febles i vulnerables, dels més confiats i ingenus, dels més corruptes i desalmats per fer realitat una depravada, obscena i depredadora conducta d’enriquiment, abús, explotació i sotmetiment, només imaginable en la ficció.

Diu la Francesca Albanese, relatora de l’ONU per a Palestina i autora del demolidor informe De l’economia de l’ocupació a l’economia del genocidi1, que darrera de l’exhibició d’impunitat absoluta que acompanya a aquests depredadors, hi ha una certa confusió en relació al poder que, tradicionalment, s’ha vinculat a les estructures de l’Estat, quan en realitat avui es tracta d’un «poder que no opera de manera visible. És on es concentra el poder financer, econòmic, militar, tecnològic, el poder dels lobbis... i són aquests els que estan per sobre de la llei. I és aquest sistema el que no permet que la llei s’apliqui de manera igual per a tothom»2. Dit d’una altra manera, si Epstein i els magnats que el secundaven van ser capaços de fer de la indecència el seu modus operandi és perquè es sabien protegits pel poder que els atorgava formar part d’una casta privilegiada, capaç de condicionar les estructures polítiques, econòmiques i jurídiques de l’Estat. Podien fer de la iniquitat el paradigma de normalitat sense càstig, que invisibilitza -o suprimeix- la víctima, al temps que eleva i enalteix al depravat botxí per sobre de les lleis morals i positives.

Qui menysprea el valor intrínsec de l’altre, des de l’alçada de la seva superior condició, no només mina la mútua confiança que ha fet créixer la humana virtut i saviesa en temps lluminosos, sinó que empeny la societat pel lliscant pendent de la tirania fins al fosc pou de la dissoluta i erma podridura espiritual. Einstein va alertar-nos3 -després de combatre’l- contra el feixisme, sabedor que no es podia ometre la denúncia contra la injustícia i la deshumanització, inclús quan és practicada en resposta a un mal major. Quan el menyspreu o la indiferència expulsen l’agraïment i el reconeixement, creix la impunitat que, disfressada de modernor, novetat o liberalitat, cuina perversions, fins parir kakokagathias com Epstein. Procurem que el record i l’agraïment cap a les víctimes que el denunciaren eclipsi la fascinació pel poder i la maldat que desprèn el narcisista. És el mínim que podem fer per restablir la nostra humana decència.



diumenge, 22 de febrer del 2026

Visita a l’exposició Veus del Pacífic. Innovació i tradició

 


Com els alumnes displicents, deixo pel darrer dia la visita a l’exposició les Veus del Pacífic, que s’ha exhibit fins al diumenge 15 de febrer passat al CaixaForum de Barcelona. Amb un conjunt de peces artístiques, però sobretot també d’objectes quotidians acuradament treballats, provinents de les col·leccions d’art del British Museum del continent d’Oceania, el conjunt té les formes d’un mostrari etnogràfic, que permet al visitant viatjar per les tradicions i costums seculars d’aquells pobles, que han perviscut fins fa només un segle, i que avui encara exerceixen una forta influència sobre les seves poblacions i creadors actuals, una part de l’obra dels quals també s'exhibeix al costat de les peces tradicionals reunides per a l’ocasió.

Hi trobem peces de valor simbòlic i religiós, com les escultures en talles de fusta, i altres materials, que connecten el present amb el passat mitjançant la veneració de divinitats i personatges ancestrals, que segueixen protegint la comunitat, però també estris d’ús quotidià, des d’ornaments fins a escuts, armes, garrots o eines, com ara hams i teixits, fets amb fibres naturals, recipients per a rituals i cerimònies i inclús els útils amb els quals dibuixaven en els seus cossos els coneguts tatuatges que han fascinat mariners i viatgers occidentals, tant en el passat com en el present.

L’art que practicaven i conserven aquests pobles és de caire efímer i utilitari. No està fet, pels materials biodegradables amb els que treballen, per durar. És més, la voluntat dels seus responsables és que, un cop el cicle de vida de l’objecte s’ha complert, pugui ser retornat a la natura, la veritable mare creadora i perduradora de la comunitat i dels seus horitzons vitals. Estem, per tant, davant d’un primitivisme creatiu que connecta amb la terra i els cicles vitals, tan allunyat del present tecnològic i industrial d’Occident que sorprèn i fascina, en la mesura en què ens recorda allò que també va lligar els nostres avantpassats amb el seu origen i que, en el nostre cas, ja hem oblidat del tot. Cert és que en la voluntat artística d’arrel grec-llatina hi és present un esperit de perdurabilitat, ja sigui per les creences religioses que anhelen l’eternitat existencial dels seus integrants, ja sigui per què la natura ens ha proveït de materials més sòlids i duradors, com metalls i pedres, que no deixen de ser, malgrat tot, retallables i modelables amb els estris apropiats, que no s’hi troben en aquelles illes oceàniques, que proveeixen d’altres béns els seus habitants, fins esdevenir veritables paradisos naturals apreciats sobradament també per nosaltres. Sigui com sigui, el xoc cultural és perceptible en la mostra i no resulta únicament anecdòtic.

És, inclús, un dels motors de la identitat cultural dels seus habitants, més compromesos amb la conservació, la reutilització dels materials i l’ecologisme que qualsevol activista occidental. S’aprecia en les creacions artesanals actuals que també s'exhibeixen en l’exposició, fets amb materials reciclats i que va més enllà de la pràctica subvencionada, pròpia del discurs ecologista dels partits mediambientalistes i d’esquerres de casa nostra. El diàleg obert amb els materials contaminants, com els plàstics, que també fan servir en les seves creacions, aquests artistes oceànics, és molt més ric i estimulant que la discussió tècnica sobre els desafiaments que per la ciència i la nostra indústria genera la recuperació i tractament d’aquests materials a casa nostra. Tal és la distància sideral que Occident té amb les seves arrels i orígens, que ja no és capaç de percebre, ni d’entendre, fins al punt d’arribar a l’extrem desorientador de dopar tota activitat humana amb l’assistencialisme mecànic, digital o artificial. Són els peatges del progrés, que tan alegrement celebrem, i que contrasta fortament amb la consciència naturalista de pobles que no han hagut d’idear mitjans per sotmetre un medi més amable i protector que el de les nostres latituds septentrionals, mantenint una connexió directa i un respecte venerable per la prodigalitat de la terra habitada, que avui és la més amenaçada en desaparèixer, engolida pel mateix oceà que la va fer possible, per l’acció contaminant i devastadora del consumisme depredador occidental.

La mostra ofereix una mirada a un passat primitiu ja inexistent però més imbricat amb la realitat present d’aquelles comunitats que en cap altre indret, potser perquè l’amenaça d’estar a punt de desaparèixer per sempre és tant real com inevitable, reduint-se una simple qüestió de temps, i no a una boutade que amaga estratègies de mercat emparades en la revalorització de l’indigenisme que promulguen les corrents de pensament postcolonial. Les pràctiques de la comunitat ancestral d’aquests pobles oceànics segueixen formant part de les expressions culturals que avui els defineixen, en les danses, les vestimentes, els guarniments i en la immaterial connexió amb la natura que conserven i professen, i que no es pot impostar rere els rèdits dels interessos polítics i identitaris, que alimenten diverses formes de populisme en altres latituds. Les seves veus no han de sonar-nos com els exòtics cants d’acollida d’un paradís de somni, el refugi dels guerrers occidentals de les finances i les grans fortunes, encara verges, sinó com el crit d’alerta que emet la veu de la natura cap a tots els que hem decidit emprendre el viatge emancipador vers el futur, el desconegut horitzó que ultrapassa el bressolador oceà que, durant tantes generacions vam saber solcar i conservar, i que ara és un monstre engolidor que s’empassa vida i creació, mentre nosaltres ens acontentem amb aixecar-li un nou -i primitiu- tòtem, amb forma de marxandatge i record del nostre pas per l’exposició.


dimarts, 17 de febrer del 2026

La brama del cérvol

 


El darrer muntatge de la companyia teatral La Calòrica, La brama del cérvol, estrenat la temporada passada al Teatre Lliure i que ara es pot veure al teatre Poliorama fins a l’ 1 de març , amb text de Joan Yago, i una enèrgica i solvent interpretació dels sis actors de la companyia, que en aquesta ocasió es multipliquen a l’escena per representar el drama del subjecte postmodern, retratat amb feridora comicitat, és digna de la millor tradició clàssica i recorda, amb les evidents excepcions formals i temporals, les comèdies d’Aristòfanes.

La malaltissa obsessió de l’individu tardocapitalista amb viure l’experiència definitiva, única i autèntica, explotada amb sanya per la indústria de l’entreteniment i les xarxes, absurdament exalçada per les corrents psicoterapèutiques del jo, en el marc hedonístic que lloa l'excés com a camí vers la realització, per corregir, posteriorment, la desmesura resultant amb receptes d’espiritualisme barat i autoafirmació buida, és salvatgement ridiculitzada en l’obra a través de la relació d’una parella en crisi matrimonial, que tracta de refer la relació amb una escapada a la Vall Fosca per viure l’experiència singular del crit d’aparellament sexual dels cérvols en les profunditats del bosc pirinenc, al mateix temps que conviuen amb els participants a un simposi sobre la potencialitat del teatre polític per canviar la societat, en el ressort hoteler que els acull.

Com passa sovint amb els muntatges de la companyia, els motius que desencallen l’acció són un simple marc referencial per bussejar en la consciència col·lectiva del nostre temps, diagnosticant dèries i neurastènies, a través de tendències i conductes que traspuen els valors propis de l’individualisme, el narcisisme i la farsa autocomplaent d’Occident, que alimenta subjectes traumatitzats per la responsabilitat en l’alteració de l’ordre natural i social que provoquen, al mateix temps que s’exciten per la crida a traspassar límits en la confusa recerca de l’assoliment del desig vitalista autentificador. Tot a la vegada i al mateix temps en una seqüència que imita l’scroll infinit de les xarxes del consumisme egocèntric, amb salts teatrals d’escenes i esquetxos que porten l’espectador cap a un crescendo constant de la posada en escena, que arriba al paroxisme amb la massiva festa rave secreta, celebrada en la profunditat del bosc, com a cerimonial catàrtic i alliberador, que culmina amb les dissociacions de consciència per l’efecte psicotròpic del consum de drogues, follament assolit amb el desdoblament dels diversos personatges que encarnen els actors, en una esquizofrènica escena que trenca espai i temps, ara unificant les veus en una comunió espiritual, ara diversificant-les per vivificar tots els jos que formen cada persona.

Tot plegat, una saludable reformulació de la comèdia àtica clàssica, que va tenir a Aristòfanes com el seu principal perpetrador, en el darrer quart del segle Vè a. C. i els primers anys del segle IV. La sàtira, que La Calòrica empra sense subtileses a l’hora de retratar els envaniments i les estupideses protagonitzades pels subjectes de la contemporaneïtat, s’uneix a la crítica política, especialment àcida quan del que es tracta és d’avaluar el paper de les institucions en la promoció econòmica de territoris, on els criteris de sostenibilitat i respecte pel medi salten pels aires davant l’avidesa dels guanys promesos pels “homes de pasta”, mentre s’unten les veus intel·lectuals de la cultura, com ara dramaturgs, crítics, actors i directors de teatre, fins a convertir-los en titelles a sou del poder, pretensiosament pagats de si mateixos per poder pontificar en simposis sobre el poder transformador de la realitat del teatre polític que fa molt que van deixar de practicar, mentre assagen posats contraculturals que, paradoxalment, els porten a reproduir tics elitistes. També l’aristofànic recurs a la fantasia i a l’artificiositat escènica estan ven presents en l’obra, amb els ja referits trencaments espacials i temporals de la festa nocturna al bosc, o la metafòrica caiguda en el buit de la protagonista, allargada amb la seva artificial suspensió en les altures, mentre la resta de personatges es busquen i es perden en la catàrtica vivència psicodèlica que els deixa en el desemparament final.

I podríem seguir assenyalant altres elements aristofànics, com l’autoreferencialitat teatral, l’escenificació explícita de la sexualitat o la reinvenció de la paràbasi, on el cor teatral grec, es redueix a la veu narradora del personatge de la dramaturga participant, juntament amb la resta de professionals del teatre, en l’esmentat simposi promogut pel municipi. Però la reivindicació d’Aristòfanes que executa La Calòrica és més conceptual que formal. Al cap i a la fi, tant per ells com per l’autor grec, la comèdia esdevé un arma d’intervenció política, que desplaça a la tragèdia en l’intent de retornar la societat cap als valors de la tradició que, en els temps del segle Vè a. C. es veien amenaçats per les noves formes d’ensenyament filosòfic i organització democràtica, i que, a dia d’avui, trobem encarnades en les accelerades innovacions tecnològiques. Unes i altres generen les mateixes pors, neguits i confusions que desplacen individus i valors socials vers l’absurd i la buidor. I com si de la mateixa simptomatologia es tractés en un i altre cas la comèdia desplaça al drama de l’escena, fent-nos més empassable el gripau que ens presenta, i que percebem ben a prop en forma d’amenaça difusa, mentre la filosofia, totalment absent, ja ha estat socràticament assassinada.


dimecres, 11 de febrer del 2026

La prohibició d’accés a les xarxes socials als menors de 16 anys

 


El govern de Pedro Sánchez va anunciar la setmana passada la seva intenció de prohibir l’accés a les xarxes socials als menors de 16 anys. Amb això vol evitar l’exposició dels menors a plataformes addictives, des-informatives, alienadores i instigadores de comportaments maliciosos, com assetjaments, estafes o sextorsions. Hi ha prou informes i estudis sobre els efectes que per a la salut psíquica dels infants i adolescents tenen aquestes xarxes com per considerar-les extremadament perilloses, i desaconsellar-ne el seu ús per a aquestes edats. La mesura sembla, doncs, assenyada i necessària, si el que es vol és protegir els menors i garantir els seus drets i llibertats.

Amb tot, de seguida hi ha hagut reaccions contràries a la mesura, desqualificacions gruixudes per als seus impulsors i respostes airades en defensa de la llibertat d’expressió i demès drets individuals profanats i trepitjats per la imposició legislativa. De totes les argumentacions esgrimides, paga la pena examinar-ne dues, la ideològica i la corporativista, que han anat estenent-se com a resposta crítica amb la iniciativa. La ideològica parteix de l’activisme llibertari, present tant en l’extremisme de dretes com en el d’esquerres. Aquest llibertarisme concep qualsevol mesura que vingui a regular conductes individuals, que únicament afecten al mateix interessat, com a imposicions intolerables que atempten contra els drets fonamentals de l’individu. Quan se’ls recorda que es tracta de menors i no pas de subjectes plenament autònoms i coneixedors dels perills dels entorns digitals, responen fent gal·la d’arguments demagògics, com ara que amb 16 anys se’ls reconeix el dret a avortar, sense el consentiment patern, però se’ls hi restringeix el dret a comunicar-se i socialitzar-se a través de les xarxes socials. Com si el comportament inexpert, les creences falses i els errors provocats per la seva exposició a aquestes xarxes no fossin més destructius i perillosos que els riscos del despertar sexual que acompanyen a l’adolescència. És profundament demagògic ignorar els efectes nocius de les xarxes, blanquejant les noves tecnologies com a instruments d’agència neutral, mentre es demonitzen les mesures legislatives pensades per facilitar tries i evitar estigmes socials, derivats de conductes que, tot i que són majoritàriament errònies, han acompanyat des de sempre la nostra espècie, i que han tingut, sovint, el rebuig moral i religiós.

Pel que fa a la argumentació corporativista, expressada gairebé a continuació de l’anunci del govern espanyol per tecnoligarques com Elon Musk, propietari de X o Pavel Durok, creador de Telegram, encobreix la prohibició d’accés a les seves xarxes als menors amb l’atiament de la por al control de dades personals dels usuaris, que es veuran obligats a oferir-les i verificar-les a les autoritats, per accedir a les xarxes, com si aquestes dades no estiguessin ja en les seves mans i no fossin utilitzades, sense el nostre consentiment, per monitoritzar perfils ideològics i polítics amb els quals tractar de influenciar-nos i manipular-nos. Igualment, l’argumentació aixeca l’espantall de la censura a la que indirectament estaran exposats els usuaris pel zel de les pròpies corporacions digitals que, davant possibles continguts controvertits susceptibles de sancions governamentals, tendiran a suprimir-los, com si el principi de prudència que hauria de prevaldre en el control d’aquestes xarxes fos el successor natural dels procediments persecutoris de la Santa Inquisició. Esgrimir raons migrades cap a l’esfera de la por al control estatal o a la imposició de la censura coercitiva per la llibertat, els hi serveix per amagar l’enorme negoci que s’oculta rere l’accés dels menors a aquestes xarxes, en forma d’ingressos per publicitat1. No és, per tant, l’amenaça cap a l’exercici de les llibertats individuals allò que els amoïna, sinó la minva d’ingressos que albiren amb la mesura. Per no parlar de la manca absoluta d’interès i preocupació pels efectes provats que sobre la salut dels infants té l’exposició continuada als seus continguts, convertint-los en captius digitals que prioritzaran sempre els inputs rebuts a les pantalles a les experiències reals, atrofiant la seva atenció i desactivant la capacitat crítica, fins fer-los completament manipulables. Aquesta és la seva ambigua i interessada concepció de la llibertat, defensada com a principi absolut, fins i tot quan el seu exercici esdevé perillós, com en el cas dels menors, quan aquesta afavoreix els seus negocis, i silenciada quan s’apropien de les nostres dades i les utilitzen sense consentiment.

John Locke, al Segon tractat sobre el govern civil2, va dedicar tot un capítol a dirimir la qüestió de l’exercici de l’autoritat responsable en el marc ideològic del liberalisme polític que, encara avui, regeix les nostres societats. Locke estableix com a necessària la subjecció del nen als pares mentre duri la seva minoria d’edat. La fonamentació d’aquesta subjecció, que en la qüestió que ens ocupa bé podria estendre’s a la norma plantejada pel govern respecte l’accés a les xarxes, nia en la manca d’ús de raó del menor, condició que l’impedeix ser lliure, per no estar encara subjecte a la llei racional. És en aquest extrem on rau la qüestió de fons que incapacita a llibertaris de qualsevol pelatge i a corporativistes a entendre el mal ús que en fan del terme llibertat. No pot haver-hi actuació lliure sense ús assenyat de la pròpia racionalitat. La llibertat, en conseqüència, no és atribuïble a tot ésser humà des del moment en què neix, ja que no naixem deslliurats de qualsevol lligam; ni tan sols el fet de néixer és lliure. Dit d’una altra manera, sempre estem sotmesos a la llei, encara que aquesta sigui la Llei Natural. Si la subjecció és la nostra condició vital, la llibertat, per poder ser exercida, cal que sigui guanyada i no atorgada sense cap criteri ni control. A aquest escenari d’emancipació progressiu que l’infant rep mitjançant l’educació se l’anomena maduració, creixement o superació de la minoria d’edat. I, tradicionalment, s’associava a l’ús assenyat de la pròpia raó.

Avui, són els mateixos tecnoligarques que convulsionen contra les restriccions responsables d’ús de les seves xarxes, els que qüestionen els límits i subjeccions naturals de l’ésser humà. Les seves iniciatives en el camp de l’ampliació de les capacitats perceptives, intel·ligents o duratives, fins al punt d’aspirar a assolir la immortalitat de l’ésser humà, van en la mateixa línia llibertària que el seu model de negoci depredador i obscè. Si no hi ha límits, ni subjeccions no només la raó perd el terreny estable on madura, sinó que la voluntat, ja per si mateixa il·limitada, esdevé cega. Parafrasejant Kant, podem dir que una raó sense la voluntat és buida i una voluntat sense la raó és cega. Sabem que de la ceguesa de la voluntat han nascut, històricament, els nostres pitjors monstres. Tolerar les objeccions de llibertaris i corporativistes, i no denunciar-les i rebutjar-les com a opinions espúries, ens situa en el camí de reviure-ho i confirmar-ho. Al preu d’exposar, però, aquesta vegada, en nom de la llibertat, als més febles i vulnerables. Ens ho podem permetre?

1https://news.harvard.edu/gazette/story/2024/01/social-media-platforms-make-11b-in-ad-revenue-from-u-s-teens/?utm_source=SilverpopMailing&utm_medium=email&utm_campaign=Daily%2020240105%20368265%20(1)

2J. Locke, The Second Treatise of Civil Government An Essay Concerning the True Original, Extent and End of Civil Government, 1690. Veure el capítol 6, "Del poder paternal", pàgs 76-96 de la traducció al castellà: J. Locke, Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, traducció i edició de Carlos Mellizo, Alianza Editorial, Madrid, 1990.


Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós

  Novela 1 costumbrista que pasa por ser la más aclamada entre la producción del escritor canario, por su ambición y extensión. En efecto, ...